BÚSQUEDA DE LA VISIÓN


Búsqueda de la Visión

 

Hablar de la Búsqueda de la Visión, es hablar de la Montaña de Visión, la Montaña del Espíritu. En todas las culturas milenarias se ha buscado la soledad y la pureza de las montañas para retirarse y encontrarse con lo más puro y universal del ser humano. Así en la Tradición Nativa Americana, subir a la Montaña de Visión, ha sido y sigue siendo, ir al encuentro del Espíritu; retirarse de las costumbres y las actividades diarias comunes para disponer de un tiempo consagrado al Espíritu.

 

Así la persona siente en su corazón el llamado de la Montaña y desde la libertad opta por hacer este sacrificio y retirarse en soledad en plena naturaleza. Es necesaria una relación de hermandad, de espíritu a espíritu entre los aspirantes a subir a la Montaña con el Líder de la Búsqueda de Visión, que apoyará en todo lo posible a cada uno en su camino por la montaña.

 

El Hombre o Mujer de Espíritu que dirige la Búsqueda de Visión encuentra un lugar apropiado para la persona en la montaña: una cueva, un árbol, un lugar con buena sombra y abierto al cielo del día y de la noche. Un lugar donde el buscador se encontrará sólo sin ver a otras personas, en plena naturaleza. Se consagra el lugar con cuatro bastones rezados, dispuestos a las Cuatro Direcciones, que sostienen 365 rezos de tabaco que ha preparado el buscador y que delimitan el espacio, formando un cuadrado dentro del cual el Buscador está protegido y soportado por todas sus oraciones, que son el propósito y las intenciones del Buscador para ese tiempo.

 

Durante cuatro días con sus noches, el Buscador tendrá muchas oportunidades de estrechar su relación con el Universo, la Gran Madre, El Padre Sol.

 

La abstinencia de comida y de agua, el silencio, la soledad, ayudarán a la persona a conectar con la autenticidad de su intento, y a despojarse de las exigencias y condicionamientos de la mente, que tanto nos distrae de nuestros verdaderos objetivos en la vida.

 

Llegará el entendimiento del sacrificio. Como desde la libertad, uno decide observarse en profundidad, los miedos, los prejuicios, las ideas heredadas y recogidas a lo largo de la propia vida, que nos limitan y nos crean desconfianza en nosotros mismos y en el ser humano; y que nos impiden reconocer y sentir la dimensión espiritual de nuestra vida. Como abrir en nuestra conciencia un espacio vital a lo Sagrado. El sentido de nuestra vida aquí en la Tierra. Una visión con corazón para nuestra vida.

 

Estar solos, recogidos en nosotros mismos, con toda la compañía de la naturaleza, para descubrir la gran importancia de nuestras relaciones con las otras personas; nuestra familia de sangre, nuestros amigos, nuestra familia de Espíritu. De sentirnos familia de todas las formas de vida en nuestro mundo.

 

Sentir el tiempo y los diferentes momentos de nuestra vida, con todas sus lecciones, como una unidad que nos conduce a nuestra esencia, a nuestra evolución como espíritus a través de todas nuestras relaciones.

 

Sentir el calor, el frío, la grandeza de nuestra Madre Tierra y del Universo. Sentirse abierto al movimiento de la vida con confianza, con paciencia. Y ahí, en ese lugar sagrado de la Montaña del Espíritu, uno tiene en algún momento (o en muchos), el sentimiento de estar acompañado por los hermanos del espíritu, los hermanos del otro lado, y no solamente en ese tiempo de búsqueda. Uno comprende que toda su vida es amado, cuidado y ayudado por estos hermanos que saben quiénes somos en esencia y que están ahí para ayudarnos a recordar esta esencia, nuestro espíritu, y la libertad de nuestro espíritu para realizar nuestros verdaderos propósitos en la vida.

 

Orar en la Montaña, rezar al Gran Misterio con toda nuestra mente y nuestro corazón, sintiendo el Amor puro y la gratitud con cada una de nuestras células, con todo nuestro ser y dar espacio al amor que sentimos por nuestros hermanos, por todas nuestras relaciones. Sentirse vivo y parte del todo, estar en paz. Conectar con la alegría que viene de adentro y que es nuestra fuerza para seguir adelante.

 

La Búsqueda de Visión se plantea como un trabajo de cuatro años. Cada año la persona sube a la montaña a una de las cuatro direcciones, así en primer año el enfoque es a la puerta del Este, el segundo al Sur, el tercero al Oeste y el cuarto al Norte.

  • El primer año el buscador está cuatro días en la montaña, en los cuales se compromete a renunciar a la comida, al agua y a la palabra.
  • El segundo año está siete días, los cuatro primeros como en el primer año y tres con agua y frutas.
  • El tercer año, está nueve días, siete como el segundo año y los dos últimos con agua y frutas.
  • El cuarto año, está trece días, nueve como el tercero y para los cuatro últimos recibe el agua, el maíz, la carne y la fruta.

Siempre, antes de subir a la Montaña y al regresar, se entra al Inipi / Temazcal, el vientre de la Madre Tierra, para ser purificados y bendecidos.

 

A lo largo de toda la Búsqueda, se celebran Ceremonias de Medicina, Inipis y Círculos de Pipa Sagrada en las que pueden participar todas las personas que forman el grupo de apoyo, con el propósito de apoyar a los buscadores en su tiempo en la Montaña.

 

Durante todo el tiempo de Búsqueda, los participantes que no están en la montaña constituyen el Grupo de Apoyo. Se ocupan de encender y velar el Fuego Sagrado, desde este lado de la montaña envían su apoyo a los hermanos en su búsqueda con su rezo, su amor y la alegría de estar juntos.

 

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