CEREMONIA DEL CACAO


¿Qué sucede en una Ceremonia de Cacao?

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Tras varios meses de compartir la vida con el cacao,  podemos darnos cuenta que estar en el presente es el estado mas desafiante en la vida, sentir todo lo que nuestro cuerpo tiene que decirnos y escuchar lo que nuestro corazón desea. Poder entrar plenamente en una escucha de nosotros mismos, encontrar un momento de silencio o sumergirse en el ruido total que los recuerdos o las expectativas nos generan.

Una ceremonia de cacao comienza al entrar en contacto con el cacao, partirlo y sentir su aroma, sentir su textura mientras vas picando la barra; poner el agua a hervir, mientras escoges las hierbas que tocaran durante la ceremonia, reír, conversar y agradecer por la ceremonia que vendrá, un ritual de chocolate que nos permitirá ir profundo hacia dentro de nosotros. Poco después se mezcla el chocolate con el agua y se bate hasta disolverlo totalmente, a veces la espuma se asoma, y el cacao se comunica, es un placer preparar cacao, un ritual donde nos invita a sentir, a entregarnos, a confiar y escuchar lo que sucede en ese instante.

Dicen que en tiempos antiguos se compartía una taza de kakaw a cada persona querida que llegaba de visita a las casas en las comunidades mayas, tomaban juntos chocolate para hablar desde el corazón y crear relaciones duraderas con los seres que visitaban, vínculos profundos que iban fortaleciendo a los pueblos, cuando uno habla desde el corazón, uno habla desde su verdad y desde ahí es posible crear una nueva realidad.

Al servir el cacao vamos recordando el porque de sentarnos al piso en círculo, un espacio donde todos estamos a la misma altura, donde todos podemos vernos y sentirnos y del cual todos formamos parte, la ceremonia siempre la hacen los que llegan a ella, es su energía, su amor y sus sueños lo que se manifiesta.

La intención de cada ser al llegar a una ceremonia de cacao por primera vez es de un asombro maravilloso, tomar chocolate parece ser una tradición que muchos recordamos, nos lleva a nuestra infancia, hacia la dulzura y en este tiempo donde todos buscamos que algo suceda, nos permite comenzar en un espacio de mucha paz y sin expectativas.

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¿Qué sucede después?

Servir el kakaw e invitar a los asistentes a preparar su bebida con miel, con canela, con un poco de picante, al gusto de cada asistente, recordamos como tenemos siempre el espacio para recibir lo que la vida nos da y prepararlo a nuestro gusto, siempre hay un tiempo, un espacio, una pausa, un respiro donde podemos sentir y recordar que no hay prisa, que no existe una meta fija en esta existencia, la única guía real es nuestro corazón.

Como seres humanos tenemos una idea fija y limitada de lo que somos, de lo que sentimos y de las posibilidades que existen, generalmente tenemos el sueño de llegar a ser, de convertirnos algún día en ese alguien que soñamos, o de que si nos esforzamos lo suficiente conseguiremos algo que nos llevara a la felicidad, sin embargo siempre nuestra mirada esta en el exterior, en la imagen que vamos viendo fuera de nosotros, en lo que acontece y eso nos hace ir siempre hacia del desconsuelo. Al tomar cacao se abre un espacio de mayor visión hacia nuestro interior y nuestra atención se vuelca hacia dentro durante la ceremonia, vamos recorriendo el espacio que somos, las voces que nos habitan, las historias que nos hemos contado, los recuerdos que hemos guardado, todo lo que no hemos digerido en nuestra vida, todos los sueños, vamos despacio en un viaje que comienza distinto para cada quien pero que a la vez nos unifica en un mismo ser, en una familia que llega a un espacio donde aparentemente hay muchos desconocidos y termina reconociendo a una familia con la que da vida a nuevas posibilidades. Es siempre un trabajo colectivo, hacia la unidad de lo que somos, hacia reconocer nuestra inter relación con todos los seres sintientes, con la vida misma. Vamos en distintos niveles al reconocimiento de nuestro interior, nuestro cuerpo físico y nuestra relación con el exterior, todo el trabajo es en plena conciencia.

El cacao comienza a tener un efecto físico entre 30 y 45 minutos de haberlo consumido, una apertura de nuestro centro, del espacio del pecho que es donde guardamos muchas de las emociones que nuestro corazón convierte en coraza por miedo a sentir. El cacao acelera el flujo sanguíneo en nuestro cuerpo, por lo que nuestro cerebro recibe mayor claridad, así como nuestro corazón comienza a latir y a dejarse escuchar.

El viaje es distinto para cada quien, en cada ceremonia, sin embargo el proceso va siempre de la mano del permitirnos sentir y estar presentes en nuestro cuerpo, en esta realidad, en el aquí y ahora, conectarnos con ese flujo ilimitado al que accedemos al sentir, permitir, permitir, permitir que el ritmo natural de nuestro cuerpo vaya diciéndonos que necesita, escuchar lo que existe dentro de nosotros, observarnos con amor y detenimiento, ir profundo en un viaje hacia dentro donde el cacao nos abraza, nos toma de la mano y nos muestra quienes somos, que existe dentro de nosotros y que posibilidades infinitas tenemos para crear, vamos profundo a observar lo que hemos acumulado, a sentirlo y a confiar en nuestra sabiduría interna para liberar, abrir espacio, generalmente en estos espacios donde nos encontramos con densidad, dolor, oscuridad existe la tendencia de quedarnos en un círculo vicioso y repetitivo donde creemos que o bien no existe nada mas o bien que tenemos que pasar largo tiempo limpiando, sanando o arreglando las partes que sentimos no adecuadas de nuestro ser, el cacao nos lleva a ir mas allá, observar, sentir y reconocer estos espacios pero ir un paso mas profundo a ver que después de una capa de oscuridad siempre existe una capa de luz y así vamos sin parar, siempre existe un espacio mas profundo a reconocer dentro de nosotros, a integrar y amar, es nuestra decisión en que enfocamos nuestra atención y es nuestra atención lo que genera la energía que da vida a las creencias que manifiestan nuestra realidad

. Es esta capacidad de darse cuenta, lo que llamamos conciencia lo que nos permite tomar nuevas decisiones, al acrecentar nuestra conciencia nuestras decisiones se transforman para estar en sintonía con lo que sentimos, es una emoción la que siempre deseamos, alcanzar, paz, plenitud, alegría, felicidad, pero saber que la vida es un flujo rítmico que nos va conduciendo y a la que nosotros en cierta medida también vamos permitiendo moverse o bloqueando este ritmo, el primer paso es recordar y reconocer cual es nuestro ritmo, que es lo que necesitamos para nutrirnos, el tomar cacao nos recuerda aquellas cosas que nos emocionan y aquellas a las que mas tememos también, pero ambas desde el mismo centro que es nuestro corazón, podemos ser observadores creativos de nuestra realidad, y este espacio se abre durante la ceremonia, al observarnos e ir dando vida a un jardín interior que nos muestra en donde estamos, que tenemos y hacia donde deseamos ir.

 

Fuente Cacao Anceltral

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