RAPE Y SU USO ANCESTRAL


RAPE y su USO ANCESTRAL

 

Esta medicina proviene del conocimiento ancestral de las culturas indígenas de Brasil, y desde la antigüedad ha sido utilizada tanto en el campo espiritual como en procesos de limpieza y desintoxicación. Al ser soplado en las fosas nasales las propiedades del Tabaco y de las plantas medicinales son absorbidas por las mucosas y pasan directo al torrente sanguíneo, también llega a los senos paranasales y limpia una cantidad de suciedades acumuladas por años que nos generan problemas como la sinusitis y migrañas, y se expulsa el exceso de flema acumulado. Otra parte de la Medicina va descendiendo hasta llegar al estómago y allí por vía digestiva cumple otras funciones de limpieza, desparasita y limpia los intestinos favoreciendo el movimiento peristáltico intestinal.

Esta forma de Medicina se prepara mediante sucesivas moliendas y tamizado de tabaco, plantas medicinales, cortezas y cenizas del fuego sagrado en una sutil alquimia. Si bien el rapé puede prepararse con diversas plantas, la presencia del abuelo tabaco ayuda a ordenar y equilibrar a las otras medicinas, a direccionar las con un propósito específico. A la vez, el tabaquito es puerta de conexión con el espíritu y con el universo, ayudándonos a despertar la pureza esencial de uno.

El Rapé se sopla con una caña en cada orificio nasal, equilibrando los dos hemisferios del cerebro, nuestro lado femenino y masculino, yin y yang, y luego en el corazón, el centro. Para recibir la medicina debemos estar receptivos, en quietud y conteniendo la respiración. Cerrando la glotis se evita que el rapé baje a la garganta y bronquios. La práctica occidental de aspirar el rape es una distorsión del diseño original de esta medicina. Al ser aspirado, el Rapé no llega a las cavidades o senos frontales, y sí penetra en las vías respiratorias inferiores causando irritación. De esta manera no cumple su propósito esencial de limpiar la mente y los canales superiores. La desconexión de su propósito medicinal y sagrado, dándole un uso social y superficial en contextos inapropiados, lleva a usar la fuerza de las plantas para alimentar enfermedad.

La soplada nos ayuda a sanar el individualismo, y nos recuerda que necesitamos del otro, que ciertas medicinas se toman por uno mismo y otras se reciben de manos de un hermano o hermana. Quien sopla el rapé precisa estar centrado y vacío, hueco como una caña, quitarse del medio, no poner nada de uno mismo y ser simplemente un canal, un hermano teniendo un gesto, sabiendo que el trabajo lo hacen los Abuelos. De esta manera quien recibe la soplada puede entregarse a la Medicina, ponerse en sus manos como los Abuelos se ponen en las nuestras.

La dosis y la frecuencia dependen de la real y consciente necesidad del Espíritu, como toda Medicina, en la relación de cada uno con ella y en cada momento de la evolución. Se sabe que los excesos y extremos no suelen ser buena medicina, que no es sólo la cantidad sino también la calidad lo que hace la diferencia, y especialmente la calidad de atención y corazón que dedicamos al momento. El Rapé es un espíritu sutil, y nos enseña a ser sutiles también.

El Rapé es medicina del Aire. En una soplada recibimos la bendición del Abuelo Viento, fuente universal de energía, limpiando nuestra percepción, despejando la mente y abriendo los canales energéticos superiores, para conectar con lo más elevado de nuestro Ser.

También es medicina para el cuerpo, ayudando a expulsar mocos y parásitos de los senos frontales y paranasales. Elimina dolores de cabeza, embotamiento y aturdimiento, ya que descomprime la presión del cráneo. Es excelente cicatrizante y antibiótico aplicado sobre heridas. Es además Medicina para la visión del Espíritu, ayudándonos a limpiar la mente y detener el dialogo interno, a estar verdaderamente presentes para poder ver más allá de nuestras interpretaciones.

El Tabaco y las medicinas ayudan a desprender entidades, parásitos energéticos y contaminaciones e interferencias en el dialogo interno. Al recibir una soplada de Rapé, la medicina sube limpiando, ordenando y alineando nuestro campo energético, especialmente los centros o chakras del tercer ojo y coronilla, y de ahí subiendo y bajando por la columna vertebral, el Árbol de la Vida.

 

 

 

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